Experimenta · Cocina
Aquí se cocina
Una cocina para dieciséis y cuatro fuegos distintos en el jardín. Si el grupo quiere cocinar, lo tiene todo. Y si prefiere que cocinemos nosotros, hay mesas que se preparan con antelación.
Fuera
Cuatro fuegos, y ninguno está donde el otro
Más la cocina de dentro, que también es fuego. Es lo que más se recuerda de una estancia aquí, y lo que más aparece escrito en las evaluaciones sin que nadie lo pida.
La barbacoa
Brasa, en su sitio propio del jardín. La barbacoa argentina es de las cosas que la gente menciona después, cuando escribe sobre la estancia.

El fuego paellero
Un fuego hecho para la paella y para nada más. El diámetro y la altura están pensados para que el arroz se haga como tiene que hacerse.
El fogón
Fuego abierto, en otro punto del jardín. Sirve para cocinar y sirve para quedarse alrededor cuando ya no se cocina nada.

El horno de barro
Leña y barro, hasta cuatrocientos grados. Tarda lo que tarda, que en enero es exactamente la gracia.
Dentro
Sitio para que cocinen varios a la vez
El problema de cocinar para un grupo grande no suele ser el fuego: es que no caben dos personas trabajando sin chocarse. Aquí caben, y hay encimera de sobra para que una amase mientras otro corta.
Cuchillos afilados de verdad, cacerolas y sartenes de todos los tamaños, y tres formas de hacer café. Si falta algo que quieres y no está, se pide.

Lo que se puede pedir
Seis mesas
Al mediodía o de noche, como convenga al grupo. Cada una necesita su tiempo, y ése es el único motivo para decirlo con antelación.

Asado argentino
Carne ecológica colgada seis horas por el método de pajarera, con más de ciento veinte kilos de leña de mandarino. No es una barbacoa: es una tarde entera.
Mínimo seis personas.
Se pide con 72 horas
Paella
La hace José Zafra, investigador de arroces. Empieza por la mañana en el Mercat Central, eligiendo lo que va a entrar, y termina en la mesa.
La mañana en el mercado va dentro.
Se pide con una semana

Veinticinco años
Se llama así porque la masa madre tiene veinticinco años. Horno de barro a cuatrocientos grados. Esa misma masa es la del pan de la casa.
PLAZO SIN FIJAR

Empanadas
Sin entrante, y no es un olvido: las empanadas son la comida entera.
Mínimo ocho personas.
PLAZO SIN FIJAR

Pasta
Pasta fresca hecha en casa. Es la mesa que mejor funciona cuando hay niños en el grupo, porque pueden ayudar.
PLAZO SIN FIJAR

Desayuno
Para quien lo pida, el día que lo pida. En un grupo de catorce personas que se levantan a horas distintas, resolver el desayuno vale más de lo que parece.
Se pide con 48 horas
Para cualquiera de las mesas
Y si el grupo quiere flamenco
Un guitarrista, o un grupo entero. No es una mesa aparte: acompaña la que sea, y es lo que recuerda a todo el mundo que está en España.
Funciona igual en una comida de mediodía que en una cena.
PLAZO SIN FIJAR
Antes de que llegue la comida
La mesa también se pone
La mesa extensible sienta a dieciséis dentro de la Villa. La bordean dos aparadores gemelos llenos de vajilla de colección, que no está ahí de adorno.
Para el día a día hay vajilla, cristalería y cubertería para todos. Y para una comida que importe, se puede pedir la vajilla antigua: la de los aparadores, la que solo sale cuando hay un motivo.
Se pide igual que una mesa, con antelación. No es un extra de catálogo: es abrir un aparador que lleva ahí más tiempo que nosotros.
PLAZO SIN FIJAR


El final de la mesa
Los postres
Cada mesa se cierra con algo dulce hecho en casa. En invierno, con la fruta del campo: los mismos mandarinos que dan la leña del asado dan también el postre.
PLAZO SIN FIJAR
Para acompañar
Los vinos
Las mesas se acompañan con vino de Casa Los Frailes, una bodega valenciana que lleva trece generaciones en la misma familia desde 1771. Una botella cada tres personas.
No es el vino que había en la tienda: es el de una casa que lleva más tiempo haciendo vino que esta villa siendo villa. Y está a un rato de aquí.
Si el grupo prefiere traer los suyos, también. Aquí no hay carta obligatoria ni descorche.
El hilo que une todo
Un árbol da la fruta, la sombra y el fuego
La leña que enciende el asado y calienta el horno de barro sale de la poda de los mandarinos. Son los mismos árboles cuya fruta se recoge, y los mismos que dan sombra en el campo. No se compra leña: se usa la que da la casa.

Los que no se quedan a dormir
Se puede invitar a comer a más gente
En la Villa duermen de siete a dieciséis personas. A una comida puede venir más gente que no se aloja, avisando con antelación. Es la forma habitual de resolver una comida familiar en la que no todo el mundo se queda a dormir.
Dentro, la mesa extensible sienta a dieciséis. Fuera, el cenador cerrado y climatizado admite veintiocho, así que la lluvia no cambia el plan.
Según el mes
Recoger la fruta del árbol
Desde finales de octubre hasta enero se recoge la mandarina Clemenules: bajar al campo, cortarla del árbol y subirla a la cocina. De junio a septiembre lo que hay es la huerta de verano.
Es de las cosas que más se recuerdan cuando hay niños en el grupo, y la de invierno no se puede hacer en ningún otro sitio de los alrededores.

R.S.V.P.
Lo que se pide con antelación
Nada de esto es obligatorio y nada tiene formulario. Se dice por WhatsApp y queda resuelto antes de llegar.
Los plazos no son una norma de la casa: son lo que tarda cada cosa. Un asado son seis horas de fuego y una paella empieza una semana antes, en el mercado.
Solo hay que decir qué apetece
Cuando se invita a alguien a cenar, lo primero que se pregunta es qué le gusta. Aquí igual. Cada mesa tiene su plazo porque cada una tarda lo suyo: un desayuno se resuelve en cuarenta y ocho horas y una paella empieza una semana antes, en el mercado.