
La mesa del porche
El sol entra por la mañana. Es donde se habla de verdad, antes de que empiece el día.



Empresas
Lo que pregunta una empresa, contestado antes de escribir.
«We had a corporate get together with 10 people attending and we had plenty of space to work together.»
Te decimos si está libre y cuánto cuesta. Sin dejar datos.
Siete hectáreas para un solo equipo

Lo que de verdad se viene a hacer
Una empresa que paga un retiro no paga unas vacaciones. Todo el mundo sabe que está trabajando, aunque lo esté pasando bien.
Lo que casi siempre hay que arreglar es la confianza. Un director que no se entera de las cosas hasta que es tarde, y un equipo que cree que levantar la mano habla mal de él. Eso no se arregla en una sala con un proyector.
En un hotel la sala tiene turno: hay que dejarla libre a la una porque entra el servicio de comidas, y la conversación que iba a algún sitio se corta en seco. A las seis el grupo se deshace, cada uno a su habitación, y con suerte algunos coinciden a cenar.
Aquí no hay turno, ni sala que desocupar, ni nadie que entre a montar mientras hablas. Se para cuando el grupo para. Y tampoco hay que estar todos en el mismo sitio: la gente se reparte por la finca y se vuelve a juntar sola, sin que nadie lo organice y sin que nosotros intervengamos.
Las habitaciones tienen televisión. En los grupos de empresa no se enciende.
Ocho motivos que hemos visto
Cerrar lo que ha pasado y ordenar lo que viene, lejos del sitio donde ocurrió.
Equipos que trabajan juntos a diario y nunca han comido juntos sin un motivo.
Enseñarlo, desmontarlo y discutirlo sin que nadie mire el reloj de la sala siguiente.
Los dos días en que se decide el año siguiente y todos tienen que salir diciendo lo mismo.
Un negocio firmado, una ronda, un proyecto entregado. Celebrarlo y dormir aquí.
Formación de verdad, con el grupo partido en dos o en tres y sitio para cada parte.
Cocinar una paella juntos o levantar una pieza en el torno enseña más que un taller.
Hay equipos que vienen con un facilitador, un coach o un psicólogo. La casa está preparada para ese trabajo: sitio para partir el grupo, rincones para una conversación de dos y espacios donde no oye nadie.
Nueve sitios donde sentarse

El sol entra por la mañana. Es donde se habla de verdad, antes de que empiece el día.

Catorce personas sentadas a la vez, con sitio para el portátil y para el café. Es la mesa a la que vuelve el grupo entero.

Junto al agua, con las sillas de forja. Nadie la llamaría sitio de trabajo y es donde acaban las reuniones de tres o cuatro.

Buganvillas blancas y jazmines por encima, y el jardín al fondo. A mediodía es la sombra que todo el mundo busca.

Cerveza artesanal de grifo, en el jardín. La conversación que no sale en una sala sale aquí, y eso también es trabajo.

Varias mesas en el patio seco, apartadas del resto. Es donde se van los que necesitan hablar sin que les oigan.

Mesas bajo el toldo, entre la huerta, con las luces encendidas al caer la tarde.

Cerrado, climatizado y para veintiocho. Es donde acaban las jornadas largas cuando fuera hace frío, y donde va el proyector si hace falta.

Nadie coge el coche para volver al hotel. Se cena en casa y se sigue hablando.
Sin organizar nada y sin preguntarnos
Privada, limpia y abierta los doce meses. No climatizada.
Para ocho personas, al aire libre, todo el año. Se enciende y ya está.
Con la leña puesta. No hay que pedirla ni pagarla aparte.
Del siglo XVIII, y se usa. No está de adorno.
Fuera, al lado del jardín. Aparece solo después de comer.
Ciento veinte volúmenes de arte español y valenciano, y sillones para leerlos.
Siete hectáreas de finca, con su mandarino y sus caminos. Se sale a andar sin avisar a nadie.
Hay más juegos y más sitios de los que caben aquí. Se pregunta y ya está.
Un ejemplo, no un programa
Ni paquete cerrado ni lista de sitios
Hay equipos que trabajan la mañana entera después del desayuno y salen por la tarde. Otros salen primero y se sientan al volver. Otros se encierran los dos días y solo bajan a cenar. La casa no opina.
Lo que no cambia es que un día como ése también es trabajo. Caminar dos horas con alguien de tu equipo hace por la confianza más que una sesión de la tarde, y por eso el paseo no es el descanso del programa: es parte del programa.
Las salidas —el acueducto romano de la Peña Cortada, el Castillo de Chirel, Valencia con un historiador— se organizan desde la casa, con transporte, hora y comida. No hay que buscar aparcamiento ni averiguar por dónde se sube.

La privacidad no es un extra
La casa no se comparte. Mientras el equipo está aquí no hay otro grupo, ni mostrador de entrada, ni un conserje que sepa quién baja a desayunar. Nadie pasa por delante de una reunión camino de su habitación.
La finca son siete hectáreas, con mandarino Clemenules en producción, dentro del Parque Natural del Turia, y 4.500 metros cuadrados de jardín. No se ve la casa del vecino porque no hay casa del vecino. Una conversación en el jardín es una conversación privada, sin que haya que buscar una sala para tenerla.
Se reserva directamente con nosotros, sin intermediarios, y la factura la emitimos nosotros. El precio que se ve es el precio: no hay comisión de nadie por medio.

Un filtro, no un techo
Un consejo, un comité de dirección, un equipo que tiene que decidir algo: casi siempre son entre ocho y catorce personas. Es un tamaño incómodo para el mercado. Un hotel quiere cuarenta y una finca de eventos quiere ciento veinte.
Esta casa está dimensionada para ese grupo, y no para uno más grande. Catorce personas caben sentadas a la misma mesa, oyéndose sin levantar la voz, y luego se reparten por la casa sin estorbarse. Con treinta no funcionaría ninguna de las dos cosas.
Por eso no aceptamos grupos mayores durmiendo. No es una limitación que disimulemos: es la razón por la que esto funciona para quien viene a trabajar.
Llegadas escalonadas, vuelos de noche, alguien que aparece un día antes. Se organiza para que nadie espere en la puerta con la maleta.
Si la estancia tiene un motivo concreto, la Villa se prepara para ese motivo. Es lo que hacemos de todos modos con quien viene a celebrar algo.
Hay varios salones, un cenador cerrado y climatizado para veintiocho y una sala con proyector y pantalla grande. Se decide qué se usa para qué antes de llegar.
Hay una persona a disposición del grupo para resolver una cuestión técnica o una compra de última hora. Es lo que más tranquiliza a quien ha montado la jornada.
Cien metros de calle asfaltada por doce de ancho, y siete hectáreas de campo alrededor. Entra una furgoneta, un remolque, o un vehículo que haya que enseñar rodando dentro o fuera del asfalto.
Un equipo que trabaja no cocina al mediodía. Se organiza con antelación: así funciona la cocina en Villa Paula.
Factura con IVA desglosado, a nombre de la empresa. Es lo que casi ninguna casa de alquiler ofrece y lo primero que pregunta cualquier departamento de administración.
Cien por doce, y siete hectáreas
La calle interior es privada, está asfaltada y mide cien metros de largo por doce de ancho. Caben veinte vehículos, y también un remolque, un camión pequeño de montaje o un coche que necesite rodar sobre firme.
Alrededor hay siete hectáreas de campo. En ellas se puede preparar un recorrido de tierra para probar vehículos todoterreno, hablándolo con antelación. Es terreno privado: nadie mira y no hay que pedir permiso a nadie.
Hay además garaje y punto de recarga eléctrica. Son de las cosas que no se piensan hasta que hacen falta, y entonces no hay ninguna alternativa cerca.


A minutos del recinto ferial
El recinto ferial está a diez minutos del aeropuerto, y la Villa a cinco. Un equipo de seis u ocho personas que viene a montar un estand puede dormir junto, aparcar el vehículo dentro, cenar en casa después del montaje y salir por la mañana sin atravesar la ciudad.
Es lo contrario de repartirse en habitaciones de un hotel de paso, y sale mejor de precio cuando el equipo pasa de cuatro personas.
El mínimo son dos noches. Así que un equipo puede entrar el martes y salir el jueves, que es como funcionan las ferias y los días que un hotel cobra más caros.
Fibra con malla dentro y en el jardín, tres puntos de red por cable y un respaldo 5G con veinte horas de batería. Lo compramos después de una noche en que se cayó todo, no por catálogo.
El cenador está cerrado, climatizado y con estufa, y admite veintiocho personas sentadas. Dentro hay varios salones. Un día de lluvia no cambia el plan.
Ofrecemos atención 24 horas, los 7 días, durante toda la estancia. En estos años se ha ido la luz y se ha cortado el agua, y nadie se quedó sin cenar ni sin ducharse.
Desde 1.099 € la noche la villa entera, IVA incluido, con un mínimo de dos noches. En esa cifra entran la casa completa, los salones, el cenador, los jardines y la finca. Las comidas y las experiencias se presupuestan aparte.
Sí, con IVA desglosado. Es lo primero que pregunta cualquier departamento de administración, y lo que casi ninguna casa de alquiler puede ofrecer.
Dos noches. Un equipo puede entrar el martes y salir el jueves.
Donde quiera. Hay varios salones, un cenador cerrado y climatizado para veintiocho con proyector y pantalla grande, una mesa larga para catorce, tres chimeneas, un porche y el jardín entero. Se decide antes de llegar qué se usa para qué, y luego se cambia sobre la marcha.
Sí. La fibra llega con malla dentro y fuera, así que se trabaja igual en la mesa larga, en el porche o en la mesa de mármol que está junto a la piscina.
Las que hay que preparar sí: la clase de paella, el torno de alfarero, el flamenco, los masajes y las salidas al campo. El resto está puesto y se usa cuando apetece, sin avisar a nadie.
El cenador está cerrado, climatizado y con estufa de leña, y admite veintiocho personas sentadas. Dentro hay varios salones y una sala con proyector y pantalla grande.
Fibra con malla dentro y en el jardín, tres puntos de red por cable y un respaldo 5G con veinte horas de batería. Lo compramos después de una noche en que se cayó todo.
Sí. La calle interior es privada y asfaltada, mide cien metros por doce y caben veinte vehículos, además de un coche con remolque o un camión pequeño de montaje. Hay garaje y punto de recarga eléctrica.
R.S.V.P.
Nada de esto es obligatorio y nada tiene formulario. Se dice por WhatsApp y queda resuelto antes de llegar.
El mínimo son dos noches, así que un equipo puede entrar el martes y salir el jueves.
Escribir por WhatsApp
Lo más rápido es escribir por WhatsApp con las fechas y el número de personas. Contestamos nosotros, no un formulario.
Respondemos el mismo día, con una propuesta concreta y el precio cerrado. Con estos datos nos basta.
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Villa histórica del siglo XVI
Alquiler vacacional de la Villa entera
+34635676888
WhatsApp o teléfono
Entrada a partir de las 15:00
Salida hasta las 10:00
Aeropuerto de Valencia: 5 min
Centro de Valencia: 15 min
CV-ARU000608-V
Categoría oficial de cinco estrellas